T-MEC: Trump no lo mató, pero lo dejó en cuidados intensivos.
Nada cambia de facto: el T-MEC sigue vigente con sus reglas actuales. Lo que se activa es un mecanismo de revisión anual
Washington dijo la palabra que Ciudad de México y Ottawa no querían escuchar: no. El 1 de julio, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos confirmó que el T-MEC no se renovará en su forma actual. No es una cancelación. Es algo más incómodo: una vigencia condicionada, con revisiones anuales, hasta 2036.
El epicentro. Todo gira en un dato que Trump repite como mantra: un déficit comercial de 182 mil millones de dólares con México en 2025. Para el presidente estadounidense, eso no es interdependencia económica, es una mala negociación que él mismo firmó en su primer mandato y que ahora reniega. Su frase lo resume: no necesita nada de lo que tiene México ni Canadá, pero ellos sí necesitan lo que tiene Estados Unidos. Es la lógica de la palanca, no la del socio.




¿Es malo? Sí y no. Lo malo es la incertidumbre: el sector automotriz mexicano ya perdió 100 mil empleos desde 2025 por la simple sombra de la duda, sin que se haya tocado una sola regla de origen todavía. Las inversiones se congelan cuando nadie sabe qué reglas regirán el año próximo. Lo “no tan malo” es que el tratado sigue vivo, operando exactamente igual que hasta ahora, sin cambios en aranceles ni en reglas de origen mientras se negocia. México no perdió el T-MEC; perdió la certeza de tenerlo garantizado por 16 años más.
Lo que le favorece a México. Washington mismo reconoció algo que pocas veces admite: que México “ha sido muy constructivo” y presentó propuestas concretas para reducir el déficit. Canadá, en cambio, enfrenta más fricción. Eso coloca a México, al menos por ahora, como el socio menos incómodo de los dos, una posición que Marcelo Ebrard puede capitalizar en la siguiente ronda.


Cómo operará el tratado. Nada cambia de facto: el T-MEC sigue vigente con sus reglas actuales. Lo que se activa es un mecanismo de revisión anual —en lugar de la extensión automática de 16 años que pedían México y Canadá— durante la próxima década. La tercera ronda de negociaciones bilaterales México-EU está fijada para la semana del 20 de julio, en la Ciudad de México.

Ebrard: aciertos y errores. Su acierto fue el tono: descartó cualquier riesgo de que alguna de las tres naciones abandone el acuerdo y evitó la confrontación pública, algo que Trump sí buscaba provocar. Su frase —”no tenemos prisa, pero tampoco nos interesa que haya incertidumbre”— fue calculada para proyectar calma sin ceder terreno. El error, si lo hay, no es de Ebrard sino estructural: México llegó a esta revisión sin blindaje suficiente contra la lógica de presión permanente que Trump instaló desde el primer día. Negociar con alguien que usa la incertidumbre como estrategia, y no como accidente, exige jugar ese mismo juego de largo plazo.
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