La ineficiencia de estos virreyes se ha convertido en un peso político y social insoportable para Claudia Sheinbaum.
En la arquitectura del poder político, la lealtad y la disciplina son los muros de carga que sostienen cualquier proyecto de nación. Hoy, mientras la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo enfrenta severos embates mediáticos y políticos, una de sus mayores debilidades no proviene de la oposición, sino del “fuego amigo”. En las páginas de La Palabra Política es necesario escudriñar una realidad inocultable: los gobernadores de MORENA han dejado sola a su Presidenta.
Mandatarios de estados clave como Baja California, Veracruz, Tabasco, Sinaloa, Tamaulipas, Sonora, Guerrero, Hidalgo y Campeche parecen haber olvidado un detalle fundamental de la República: la banda presidencial hoy cruza el pecho de la Doctora Claudia Sheinbaum. Envueltos en una burbuja de soberbia, estos ejecutivos estatales operan en sus territorios no como gobernantes constitucionales, sino como auténticos virreyes.




A muchos de ellos aún no les cae el veinte. Embriagados por el padrinazgo del “mesías tropical”, sienten que su poder emana exclusivamente de Andrés Manuel López Obrador y le deben sumisión al pasado, despreciando el presente. Al aferrarse a esa ilusión, gobiernan a capricho, moldeando la administración a sus conveniencias personales y haciendo a un lado el proyecto de la actual Presidenta. Se han negado a comprender que el lopezobradorismo fundacional ya no habita en Palacio Nacional, y que la “Cuarta Transformación” exige hoy un nuevo camino, un nuevo rumbo y una nueva forma de gobernanza.


El costo de esta miopía política y administrativa no lo pagan los gobernadores; se lo cobran directamente a la Presidenta. Cada vez que Sheinbaum emprende una gira de trabajo por estas entidades, el escenario es idéntico: en lugar de encontrar un clima de estabilidad, es recibida por el descontento, la división social y los reclamos de sectores ciudadanos marginados por la ineficiencia local. Las demandas que los virreyes ignoran terminan estallando en las manos de la Jefa de Estado. Ella lo ve, lo palpa en cada recorrido: los gobernadores no están disipando los conflictos sociales, los están administrando y agravando.


Ante esta insubordinación disfrazada de soberanía, la Presidenta ha tenido que asumir el desgaste de reprenderlos en su propio territorio. Ha tenido que alzar la voz, regañarlos y recordarles, con firmeza, quién lleva hoy el timón del Estado mexicano. Es cierto que el pacto federal garantiza la autonomía de los estados, pero en la construcción de un proyecto nacional nadie se manda solo. Los gobernadores tienen la obligación de rendir cuentas y alinearse a la estrategia del Ejecutivo Federal.


La ineficiencia de estos virreyes se ha convertido en un peso político y social insoportable para Claudia Sheinbaum. Mientras ella intenta consolidar el Estado de bienestar y defender la investidura presidencial ante la adversidad mediática, sus gobernadores le dan la espalda, preocupados únicamente por sus feudos.
Ya es hora de que los mandatarios de MORENA asimilen su realidad. El tiempo del caudillo terminó. O se alinean con la estadista que hoy gobierna México, cerrando filas y haciendo su trabajo para aliviar la carga presidencial, o serán ellos los responsables de hundir desde las regiones el proyecto que juraron defender.
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