Hoy, el “No estás solo” se ha desvanecido. Los narco políticos sinaloenses enfrentan su destino en absoluta soledad, esperando que la justicia extranjera toque a su puerta.
En la política, el silencio suele ser mucho más ensordecedor que cualquier discurso. Hace no mucho tiempo, los pasillos del poder y el pleno de San Lázaro retumbaban con un coro protector de “¡No estás solo!”, dirigido con fervor al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Hoy, ese grito se ha convertido en un eco sepulcral. La cúpula de Morena, los legisladores, los gobernadores y hasta Palacio Nacional han tomado una decisión drástica y contundente: soltarle la mano a Rocha Moya y a su círculo cercano, marcando el fin de la impunidad política para los suyos.
El ocaso del “No estás solo”.
El distanciamiento no fue de la noche a la mañana, pero sí definitivo. Ricardo Monreal, como líder de los legisladores morenistas, fue uno de los primeros en marcar una línea clara de separación, expresando su desacuerdo con las decisiones del sinaloense. A esto se sumó un repliegue absoluto de la dirigencia del partido y de los gobernadores oficialistas, quienes pasaron de firmar cartas de respaldo a ignorar por completo la caída en picada de su antiguo aliado.
Este giro radical demuestra una realidad innegable: en la política de altura, la lealtad tiene un límite, y ese límite es el instinto de supervivencia. Ya no se puede defender a quienes están en la mira del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

Sinaloa: El costo de defender lo indefendible.
El caso de Rubén Rocha Moya y de figuras como el senador con licencia Enrique Inzunza es el reflejo de una tragedia mayor. Sinaloa ha estado sumido durante años bajo el terror, el control y la sumisión de grupos del crimen organizado, organizaciones que escalaron su poder al punto de tejer alianzas con los mismos políticos encargados de combatirlos.
Los líderes de Morena reaccionaron tarde, es cierto, pero finalmente comprendieron que arropar a pseudo políticos buscados por la justicia estadounidense por ser presuntos cómplices de los cárteles es un peso que terminaría hundiendo al partido. Defender lo indefendible dejó de ser una opción cuando las pruebas y los expedientes desde Washington comenzaron a materializarse en detenciones reales de exfuncionarios del gabinete estatal.

El repliegue estratégico: Proteger a la Presidenta.
Morena es hoy un partido que domina el territorio nacional. Ha ganado espacios, ha consolidado un poder sin precedentes y cuenta con líderes valiosos para el futuro del país. Seguir brindando un manto de impunidad a personajes coludidos con el narcotráfico habría significado infectar de muerte el proyecto de nación de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
La mandataria y la dirigencia del partido tomaron la decisión más pragmática: amputar la rama podrida para salvar el árbol. No van a permitir que el movimiento se quiebre ni van a meter al país en una crisis diplomática y de seguridad sin precedentes con Estados Unidos solo por proteger a quienes decidieron venderse al crimen organizado.

El inicio de una nueva era.
El abandono a Rubén Rocha Moya no es solo el fin de su carrera; marca una nueva era dentro de Morena. Es una advertencia clara para cualquier otro gobernante: la bandera de la “Cuarta Transformación” ya no servirá de escudo para tapar pactos inconfesables.
Hoy, el “No estás solo” se ha desvanecido. Los narco políticos sinaloenses enfrentan su destino en absoluta soledad, esperando que la justicia extranjera toque a su puerta.

La política se está limpiando, aunque sea por la presión que viene del otro lado de la frontera. Y tú, ¿qué opinas de este giro en el partido en el poder? ¿Crees que este abandono es un verdadero acto de justicia o solo una maniobra de los políticos para salvar su propio pellejo ante Estados Unidos? La mesa está servida, únete al debate ciudadano.
© La Palabra Política | Información Política Líder Síguenos en Facebook, Instagram, X, YouTube y TikTok.