El 4 de octubre de 2026, ante 9 mil personas en el Auditorio Nacional, Clara Brugada Molina no presentó un informe de gobierno. Presentó una declaración de principios. Y la diferencia entre esas dos cosas lo cambia todo.
Hay informes de gobierno que son catálogos de obras. Listas de lo que se construyó, de lo que se pavimentó, de lo que se inauguró. Son documentos útiles, necesarios, verificables. Pero no son literatura política. No tienen alma.
El Segundo Informe de Clara Brugada Molina fue otra cosa.
No porque los números no estuvieran — estaban, y eran sólidos. Sino porque detrás de cada cifra había una intención filosófica que pocos líderes se atreven a enunciar en voz alta: la certeza de que una ciudad puede ser algo más que infraestructura. Que puede ser, en sus propias palabras, una Utopía.

La palabra que lo dice todo — Utopía.
Para entender el segundo año de gobierno de Clara Brugada, hay que entender primero qué hace con el lenguaje. Porque los políticos que saben gobernar también saben que las palabras no describen la realidad — la construyen. Y Brugada eligió con precisión quirúrgica la palabra que ancla todo su proyecto.
— CLARA BRUGADA MOLINA · AUDITORIO NACIONAL · 4 DE OCTUBRE DE 2026
“Queremos construir la ciudad de las Utopías, la ciudad donde caben todas las utopías posibles: la utopía del bienestar, la democracia, la justicia social, la fraternidad y la libertad”.
Esa frase es mucho más que un eslogan. Es una respuesta política a un mundo que ha aprendido a desconfiar de las promesas. Utopía no significa lo inalcanzable — significa lo que todavía no existe pero hacia lo que se trabaja. Es un horizonte que se mueve con quien camina. Y Brugada lo sabe: al usar esa palabra, está diciéndole a los capitalinos que su gobierno no tiene la arrogancia de pretender haber llegado, sino la humildad de reconocer que el camino es largo y la obra, incompleta.
Y luego, la frase que conecta el sueño con la tierra: “Cerramos este segundo año con los pies en el territorio y el corazón con la gente.” Utopía y territorio. Sueño y asfalto. Esa tensión — entre lo que se aspira y lo que se hace — es la médula de toda su comunicación política.

El laboratorio de futuro — qué significa que CDMX piense distinto.
Clara Brugada llamó a la Ciudad de México “laboratorio de futuro y vanguardia de las grandes transformaciones nacionales.” No es retórica vacía. Es una hipótesis de gobierno que tiene implicaciones concretas.
Un laboratorio no administra — experimenta. Un laboratorio acepta que algunos ensayos fallan. Que la innovación tiene costo. Que probar algo nuevo en una ciudad de 22 millones de personas requiere valentía política que no todos los gobernantes tienen. Y que si funciona, el modelo viaja.
Ahí está la prueba más elocuente: las Utopías ya llegaron a CDMX. La Jefa de Gobierno inauguró una Utopía inspirada en el modelo capitalino. Un proyecto nacido en Iztapalapa — la Jefa de Gobierno que gobernó antes — ya cruzó fronteras. Eso no lo hace un programa de gobierno. Lo hace una idea con fuerza propia.

Lo que las cifras dicen sobre las prioridades reales.
Los informes de gobierno mienten cuando los números no se leen en contexto. Por eso importa no solo el dato, sino la decisión que lo produjo. Y las decisiones de presupuesto de Clara Brugada revelan una jerarquía de valores muy específica.

Pero el número que más pesa emocionalmente no es el Metro ni los empleos. Es este: “El nivel de homicidios más bajo en 30 años.” Treinta años. Brugada lo dijo sin grandilocuencia, casi de paso. Pero ese dato atraviesa toda la narrativa del informe con una fuerza silenciosa. Porque significa que hay madres en esta ciudad que hoy no están llorando a alguien que estaban a punto de perder.

La herida que no cierra — y el valor de nombrarla.
El momento más incómodo del informe fue también el más honesto. La Jefa de Gobierno Clara Brugada Molina habló de las personas desaparecidas con tres palabras que ningún gobernante dice con facilidad: “herida abierta desde hace décadas.”
— CLARA BRUGADA MOLINA · SOBRE PERSONAS DESAPARECIDAS —
Buscar, buscar y buscar hasta encontrar. No dejaremos de acompañar a las familias. Haremos todo lo que sea necesario para localizar a las víctimas.
4 DE OCTUBRE DE 2026
Esto no se puede evaluar con métricas todavía. Pero sí se puede evaluar con la disposición a reconocer que el problema existe y que la responsabilidad de atenderlo no prescribe. Hay gobernantes que heredan crisis y las minimizan. Hay otros que las nombran, las asumen y las ponen en el centro. Brugada eligió lo segundo. Y esa elección dice más de su carácter que cualquier cifra de inversión.
El cierre que reveló la jugada política — y lo que significa.
La Jefa de Gobierno, Clara Brugada terminó su informe con una declaración que no estaba en el guión de obra pública. Denunció grupos que buscan “intervención extranjera porque no pueden conquistar el poder mediante las urnas” y cerró con un respaldo explícito a la Presidenta Claudia Sheinbaum.
¿Por qué ahí, en ese momento, después de hablar de baches y Utopías y feminicidios?

Porque un informe de gobierno no es solo rendición de cuentas hacia atrás. Es también posicionamiento político hacia adelante. Al cerrar así, Brugada hizo dos cosas simultáneas: consolidó su lugar dentro del proyecto político nacional y le recordó a su base que la CDMX no es una isla — es la capital de un país en disputa.
“La ciudad de las Utopías no es
la ciudad perfecta. Es la ciudad que
nunca deja de intentar serlo.”
Lo que el segundo año realmente construyó.
Hay gobiernos que en su primer año sobreviven. En el segundo, se definen. El primero es de aprendizaje — de entender los engranajes de la maquinaria, de identificar dónde están las resistencias, de trazar el mapa real de lo posible. El segundo es donde se empieza a ver si hubo plan o solo promesas.
En el caso de Clara Brugada, el segundo año construyó tres cosas que no se miden en kilómetros de asfalto ni en millones de pesos: un lenguaje de gobierno propio, una filosofía de ciudad explícita y un método de gobernanza que prioriza lo colectivo sobre lo individual.

Las Utopías no son parques. Son la declaración política de que el espacio público le pertenece a quien no tiene espacio privado. El Sistema Público de Cuidados no es logística — es el reconocimiento de que el trabajo invisible de millones de mujeres tiene valor y el Estado debe acompañarlo. La reducción en feminicidios no es estadística — es el resultado de decidir que la vida de las mujeres importa más que la comodidad política de no confrontar las estructuras que las amenazan.
Eso es lo que construyó el segundo año. No solo obras. Una ciudad que está aprendiendo a verse distinto.
