Si La Presidenta de México no realiza una purga urgente en su cuarto de guerra para deshacerse de la ineficacia que la rodea, seguirá pagando el costo de los errores ajenos.
Cada mañana, cuando se encienden los reflectores en el Salón Tesorería para “La Mañanera del Pueblo”, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo camina hacia el atril para encabezar la agenda pública de la nación. Sin embargo, detrás del protocolo oficial se esconde una falla de origen que dinamita su administración desde adentro: un equipo de asesores políticos y de comunicación que, lejos de blindarla, la envían literalmente al matadero mediático día tras día.

El “No Me Han Informado”: La Desnudez del Atril.
En el periodismo de alto nivel y en la diplomacia internacional, la forma es fondo. La Jefa de Estado no puede permitirse subir a una conferencia en vivo a improvisar con las vísceras o con percepciones personales. Sin embargo, su círculo cercano la mantiene en la penumbra informativa, entregándole carpetas vacías y guiones incompletos antes de enfrentar a los medios.
El episodio con el Gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri, expuso esta grave grieta institucional. La Presidenta emitió un juicio sin pruebas y cargado de emoción, asegurando desconocimiento sobre ciertos acuerdos, solo para que minutos después el gobierno estatal demostrara con papel en mano que las Secretarías de Estado federales sí tenían conocimiento pleno del tema. Lo mismo ha ocurrido con desatinos frente al Embajador de los Estados Unidos. Ver a la mandataria hacer malabares frente a los micrófonos, voltear a buscar con la mirada a sus voceros y pronunciar el embarazoso “no me han informado” no es una derrota de la prensa; es el fracaso rotundo de su gabinete de asesores.


¿Fuego Amigo, Sabotaje o Simple Incompetencia?
El problema de origen no nace en las salas de redacción de los medios tradicionales ni en la oposición. El veneno se cocina en los pasillos de Palacio Nacional. Esta constante exposición de la Presidenta plantea una encrucijada inevitable con dos lecturas destructivas:
- La ineficiencia por ignorancia: Asesores a los que el cargo les quedó gigantesco, incapaces de tomar el termómetro político minuto a minuto, confundiendo la lealtad ciega con el profesionalismo técnico que exige la Presidencia de la República.
- El sabotaje de los grupos heredados: La sombra de facciones internas provenientes del sexenio anterior que aún no aceptan el mando del nuevo Ejecutivo y que, con dolo y mala fe, le siembran piedras en el camino para debilitar su autoridad ante la opinión pública.
Cualquiera de las dos vertientes conduce al mismo resultado: erosionar la credibilidad de la mandataria y hacerla ver ante la población como una figura desinformada o manipulada.

La Factura a la Imagen Presidencial.
La comunicación gubernamental no es propaganda servil ni producción de contenidos para redes sociales; es la arquitectura que sostiene la autoridad de quien gobierna. Cuando el equipo de comunicación falla en el rigor de los hechos, la factura no la pagan los asesores que se esconden detrás de las bambalinas; la paga la cara visible del Estado.
Si Claudia Sheinbaum no realiza una purga urgente en su cuarto de guerra para deshacerse de la ineficacia que la rodea, seguirá pagando el costo de los errores ajenos. En la política de primer nivel, no hay espacio para la amnesia estratégica ni para el amateurismo. O la Presidenta exige rigor absoluto y profesionalismo a su círculo cercano, o su propio equipo terminará por consumar el desgaste de su figura pública antes de que su proyecto pueda consolidarse.
© La Palabra Política | Información Política Líder Síguenos en Facebook, Instagram, X, YouTube y TikTok.