Por: José Rafael Rodríguez Jiménez.
En la política, heredar el trono rara vez es una bendición; a menudo es una condena. Hoy, México atraviesa una larga y tormentosa “noche gris”. La Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo está descubriendo, a pasos agigantados, que el bastón de mando que recibió no estaba tallado en madera, sino forjado con dinamita pura.
El legado de Andrés Manuel López Obrador ha comenzado a brotar desde las alcantarillas del poder. Y lo que sale de esas grietas no es la esperanza prometida, sino los fantasmas de un régimen que simuló pureza mientras pactaba con la oscuridad.
El Espejismo de la Austeridad y el Saqueo.
Durante seis años, a los mexicanos se les vendió el cuento de una “austeridad republicana” inquebrantable. Hoy, al encenderse las luces, la realidad nos golpea en la cara. Lo que AMLO dejó no fue un gobierno honesto, sino un desfalco indiscriminado de los recursos de la nación.
El nepotismo, hábilmente disfrazado de “relevo generacional”, incrustó a familiares, amigos e incondicionales sin experiencia en las arterias del presupuesto público. El saqueo se legalizó bajo la sombra de las adjudicaciones directas y los sobrecostos en obras faraónicas. La Presidenta no heredó un país en transformación; heredó un cascarón vacío, un gobierno endeudado y una burocracia paralizada por la incompetencia de los recomendados.
El Pacto con el Diablo: La Mafiocracia Institucionalizada.
Pero el dinero robado es apenas un rasguño comparado con la verdadera gangrena del sistema. La herencia más tóxica, el fantasma más aterrador que hoy acecha a Claudia Sheinbaum, es la consolidación brutal de las mafias políticas con el crimen organizado.
El sexenio anterior no abrazó a la sociedad; institucionalizó el abrazo a los cárteles. Sheinbaum recibió las llaves de un país donde gobernadores, alcaldes y legisladores de su propio partido rinden cuentas a los capos antes que a la Constitución. Hoy, esos narcopolíticos son bombas de tiempo con el agua al cuello, buscando pactar con Estados Unidos para salvar el pellejo. La narcopolítica ya no es una infiltración, es una arteria vital del movimiento guinda.
El Veredicto: El Dilema en el Ojo de la Tormenta.
Claudia Sheinbaum está atrapada en el ojo de una tormenta perfecta. Su mayor enemigo no es la oposición raquítica y sin brújula; su mayor enemigo es la herencia del hombre que la puso en la silla.
La noche gris apenas comienza y la Presidenta enfrenta la encrucijada definitiva de su vida política: o se convierte en la barredora que limpia la corrupción y rompe los pactos inconfesables de su antecesor, o decide cargar sobre sus hombros con los muertos, los desfalcos y los cárteles de un sexenio que traicionó a la patria.
El reloj avanza. En esta tormenta, gobernar protegiendo a los fantasmas del pasado ya no es lealtad; es pura y llana complicidad.
® La Palabra Política — La editorial de opinión. Las posiciones expresadas son análisis independiente del escritor José Rafael Rodríguez Jiménez.