Este éxodo de informantes representa el golpe político más severo para la Presidenta de México y para la retórica dictada desde el atril de las mañaneras.
En los oscuros callejones del poder, la lealtad de la mafia tiene fecha de caducidad. Hoy, la clase política mexicana atestigua el nacimiento de un nuevo y paradójico fenómeno que está sacudiendo las estructuras del Estado: “El Cártel de los Sapos”. Aquellos funcionarios y mandatarios presuntamente vinculados a MORENA que escalaron al poder cobijados bajo el padrinazgo del crimen organizado, hoy enfrentan su hora cero. Acorralados, han decidido cambiar el silencio por la sobrevivencia; están “cantando”, soltando la sopa y operando como informantes para negociar protección directa con el gobierno de los Estados Unidos.
Las evidencias, que durante años fueron desestimadas desde el oficialismo como simples invenciones de la oposición, han comenzado a materializarse de forma irrefutable. El reciente audio filtrado de la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar, representa un punto de quiebre absoluto. Esta grabación silencia de tajo la narrativa de Palacio Nacional al demostrar dos realidades insoslayables: primero, que sí existe una colusión documentada con el crimen organizado; y segundo, que altos mandos ya están colaborando activamente con el gobierno estadounidense.

El caso de Baja California no es aislado. A la lista de soplones se han sumado exfuncionarios que operaban en las entrañas del gabinete de Rubén Rocha Moya en Sinaloa, quienes ya se encuentran testificando. Con el temor inminente de figurar en la lista negra de la administración de Donald J. Trump, el instinto de conservación ha roto cualquier pacto de impunidad mafiosa.
Estos personajes se están acercando a las agencias norteamericanas para detallar la anatomía de la corrupción. Están confesando el cómo, cuándo, dónde y quiénes orquestaron la peligrosa mezcla entre las estructuras de MORENA y los cárteles del narcoterrorismo. Al soltar la sopa, están entregando a Washington la radiografía exacta de quiénes mueven los hilos de la narcopolítica mexicana.

Este éxodo de informantes representa el golpe político más severo para la Presidenta de México y para la retórica dictada desde el atril de las mañaneras. El guion oficial de honestidad inquebrantable se desvanece a pedazos ante el peso de los hechos que, irremediablemente, se van descubriendo. Las mentiras se caen por su propio peso cuando son los mismos aliados del régimen quienes, para salvar el pellejo, deciden desmantelar el teatrito.
La colusión de la narcopolítica en México está recibiendo un golpe letal, no por una estrategia de seguridad interna, sino por la traición de sus propios alfiles. Los “sapos” de MORENA siguen saltando hacia el norte, cruzando el Río Bravo en busca de inmunidad. Atrás dejan a un gobierno asfixiado por sus propios pactos inconfesables, demostrando que en el mundo del crimen y el poder, tarde o temprano, todos terminan cantando.
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