El manto de impunidad terminará por asfixiar al propio partido.
En la actual configuración del Estado mexicano, MORENA ostenta un poder que raya en lo hegemónico. Controlan los gobiernos estatales, dominan las cámaras legislativas, manejan recursos presupuestales prácticamente ilimitados y han avanzado en la captura del sistema judicial. Sobre el papel, son una maquinaria invencible. Sin embargo, en la praxis política, el partido se está resquebrajando desde sus cimientos. La fractura interna, aunque visible, es el menor de sus problemas; la verdadera crisis radica en la pérdida acelerada de la credibilidad ciudadana, asfixiada por el manto de protección e impunidad que la Presidenta Claudia Sheinbaum ha extendido sobre los perfiles más oscuros de su administración.

El poder absoluto está perdiendo su principal motor: el respaldo genuino de quienes alguna vez creyeron ciegamente en este modelo de gobierno. Hoy, en los sectores de escasos recursos —el histórico bastión y “voto duro” del lopezobradorismo— se gesta un profundo desencanto. Quienes ayer los vitoreaban en las plazas públicas, hoy alzan la voz en su contra, hartos de un sistema que protege a los corruptos mientras deja a los ciudadanos en un estado de indefensión total frente a la vorágine de la violencia.


El pueblo mexicano no es tonto, y mucho menos padece de amnesia. La ciudadanía registra y recuerda cada acto de impunidad, cada escándalo de saqueo y cada abuso de poder. El decálogo moral, la retórica y el discurso heredados por Andrés Manuel López Obrador se han desgastado hasta volverse inoperantes. Esa narrativa, que alguna vez tuvo una fuerza de convencimiento avasalladora, hoy choca de frente contra un muro de realidad.
La lealtad incondicional al proyecto de la “Cuarta Transformación” ha mutado hacia un pragmatismo frío y calculador por parte del electorado. El ciudadano de a pie ha aprendido a jugar el mismo juego del régimen: una transacción de sobrevivencia. “Dame que yo te doy; tomo tu apoyo social porque lo necesito, pero mi voto, mis sentimientos y mi fidelidad ya no están contigo”. El respaldo se ha vuelto condicionado, sostenido apenas por las transferencias económicas, pero despojado del fervor ideológico de antaño.

Las cúpulas de MORENA y la propia Presidenta Sheinbaum son plenamente conscientes de esta pérdida de fuerza y del distanciamiento del verdadero ciudadano. Saben que el corazón de su movimiento late cada vez más débil. Es precisamente este temor el que explica su imperiosa necesidad de tomar el control total de la narrativa. La embestida para dominar lo que se escribe, lo que se lee y lo que se comunica en radio, televisión, prensa escrita y redes sociales no es un acto de fortaleza, sino un síntoma de pánico. Buscan manipular la opinión pública porque la realidad ya no les favorece.
No obstante, el régimen comete un error de cálculo monumental. El verdadero peligro para el poder absoluto de MORENA no reside en los medios de comunicación tradicionales que intentan silenciar, sino en el despertar del ciudadano común. Es la gente que, desde sus colonias y plataformas digitales, alza la voz, denuncia, opina y fomenta un debate crítico.

El manto de impunidad terminará por asfixiar al propio partido. Podrán tener todo el dinero, todas las instituciones y todos los micrófonos, pero están perdiendo de manera irreversible la lealtad del pueblo. Y en la política, cuando la credibilidad se evapora, el colapso del poder absoluto es solo cuestión de tiempo.
© La Palabra Política | Información Política Líder Síguenos en Facebook, Instagram, X, YouTube y TikTok.
No Comment! Be the first one.