El año 2030 no es una meta electoral para el Grupo Tabasco. Es su epitafio.
En la política no hay nada más patético que una sombra creyendo que emite su propia luz.
Observen al “Grupo Tabasco”. Mírenlos de cerca. Adán Augusto López, Javier May, Octavio Romero Oropeza. ¿Qué serían hoy sin Andrés Manuel López Obrador? Absolutamente nada. Nombres condenados al anonimato en la humedad del trópico.
Los López Beltrán, Daniel Casasús, José Ramiro… cada curul, cada cargo, cada reflector y cada peso en sus cuentas se lo deben al líder moral. Son figuras de barro cocidas al calor de un solo hombre. No tienen el talento, el brillo ni la capacidad individual para labrar una carrera propia. Son un invento. Y los inventos políticos tienen fecha de caducidad.



El tiempo corre. Y el poder es brutalmente celoso.
Hoy, la banda presidencial cruza el pecho de Claudia Sheinbaum. Ella tiene la pluma, la silla y el ejército. Y el Grupo Tabasco no lo quiere aceptar. Se pasean con la soberbia de quienes creen que el patriarca desde Palenque los protegerá eternamente. Ilusos.
No pertenecen al claudismo. Le estorban al nuevo proyecto.
La Presidenta es una jugadora de hielo. Es diplomática, les sonríe en las fotos, pero les ha cerrado las puertas del verdadero poder en Palacio Nacional. Los está asfixiando en silencio. Mientras ellos creen que aún dictan las reglas, ella demuestra que el poder absoluto no se comparte.

La historia es implacable. Julio César cayó a manos de sus protegidos. Napoleón murió exiliado y solo. El poder no respeta padrinazgos del pasado. Hoy, el verdadero peso geopolítico lo tiene quien se sienta a pactar el destino del continente con Donald Trump, y esa es la Presidenta Sheinbaum. La luz de Palenque es apenas una vela parpadeando frente al faro presidencial.
López Obrador lo sabe. Por eso, su única misión restante es blindar a su sangre, a sus propios hijos. Los demás, sus “hijos putativos” de Tabasco, son peones prescindibles en el tablero.
Ellos mismos huelen su final. El gobernador Javier May ya dejó escapar la verdad: terminando el sexenio, se retira. Es la confesión de la derrota anticipada.


El año 2030 no es una meta electoral para el Grupo Tabasco. Es su epitafio.
Cuando vives del poder prestado, tu supervivencia depende de que el dueño no te cobre la factura. Y la nueva dueña del país ya comenzó a cobrarles la renta. El reloj de arena se ha volteado. Disfruten sus últimas horas en la cima; la caída será espectacular.
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