Havelange compró votos con sobornos. Blatter construyó un imperio de favores. Infantino heredó la máquina. Tres nombres, una misma fórmula: el aficionado paga, ellos cobran
El fútbol nació sin un peso de por medio. Siete federaciones europeas amateurs fundaron la FIFA en 1904 con un ideal simple: jugar por jugar. Hoy esa misma organización mueve miles de millones de dólares, y el aficionado que grita un gol en su sala es, sin saberlo, el último eslabón de una cadena de negocios que casi nunca lo beneficia a él.
Tres nombres explican cómo se construyó esa máquina. Y los tres comparten el mismo manual.





El padre del monstruo — João Havelange.
1974 – 98 El brasileño que convirtió la lealtad en mercancía.
Llegó al poder derrotando al inglés Stanley Rous con un método que sentaría las reglas del juego para siempre: comprar influencia entre las federaciones más pobres, especialmente africanas, con equipo deportivo y recursos a cambio de votos leales. La FIFA propia confirmó que Havelange y Ricardo Teixeira recibieron millones de dólares en sobornos vinculados a la empresa ISL.
El imperio de los favores — Joseph Blatter.
1998–2015 17 años, un Goal Programme y la caída más estruendosa.
Blatter perfeccionó el sistema con el Goal Programme — financiamiento a federaciones pobres que también fortaleció redes de lealtad electoral. Confesó ante un juez haber aceptado sobornos para votar por Sudáfrica 2010 y Francia 1998. Todo se derrumbó la madrugada del 27 de mayo de 2015, cuando la policía suiza arrestó a siete ejecutivos de la FIFA en un hotel cinco estrellas de Zúrich.

PHILIPPE AUCLAIR, COAUTOR DE LA INVESTIGACIÓN FIFAGATE
Catar no ganó una elección: construyó una red de dependencia y compró lealtades desde antes de comprar los votos para ser elegida.
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El heredero — Gianni Infantino.
2016–hoy Promesas de “limpieza” — mismo negocio, otra cara
Llegó prometiendo redistribución y un Mundial ampliado a 48 selecciones. El FBI lo investigó por casos de malversación; él descalificó la cobertura como “noticias falsas”. Bajo su gestión, el Mundial 2026 — compartido entre Estados Unidos, México y Canadá — generará a la FIFA ingresos estimados en 8,900 millones de dólares solo por boletos, transmisión y mercadotecnia.

El verdadero negocio: tu pasión, su ganancia.
El truco no cambió en 50 años: vender el fervor popular como si fuera un producto. Derechos de transmisión revendidos a intermediarios con sobornos de por medio. Sedes mundialistas que se compran, no se ganan. Jugadores convertidos en marcas. Y el aficionado, abajo de toda esa pirámide, pagando boletos cada vez más caros para gritar por una camiseta que ya no le pertenece a nadie más que a los patrocinadores.
¿Cuánto vale realmente la pasión cuando alguien más decide cuánto te va a costar sentirla?
Lo que casi nadie ya investiga
Hay algo más inquietante que los sobornos del pasado: la presión periodística sobre la FIFA prácticamente desapareció. Casi no quedan reporteros que cubran la organización con regularidad. Y mientras Estados Unidos coorganiza el Mundial 2026 junto a México y Canadá, hay pocos incentivos políticos para que Washington reactive el escrutinio que desató el FIFA Gate. El silencio mediático es, también, una forma de protección.




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