Alessandra Rojo de la Vega: el ring donde nadie pelea con las mismas armas.
La diferencia entre resistir un ataque y ganar una guerra electoral es la diferencia entre tener seguidores y tener estructura.
Hay una regla no escrita en la política mexicana: no subas al ring si no tienes con qué resistir el combate. Alessandra Rojo de la Vega, alcaldesa de Cuauhtémoc, lleva años peleando ese combate con una sola arma: sus redes sociales. Y aunque hasta ahora esa arma le ha funcionado, la pregunta que debería inquietarla no es si puede resistir un round, sino si puede resistir toda la pelea.
Los hechos son claros. En febrero, un operativo de reordenamiento en San Cosme terminó en agresión: golpes, piedras, tubos, contra ella y su equipo. Señaló a la diputada morenista Diana Sánchez Barrios como responsable política del ataque. Semanas después, otro episodio violento en la Zona Rosa dejó seis policías lesionados. En enero, tuvo que someterse públicamente a una prueba antidoping para desmentir un video manipulado que la acusaba de consumir drogas, y respondió lanzando “Operación Verdad”, una plataforma digital para documentar y exhibir campañas de desinformación en su contra.




Cada golpe, una respuesta. Cada ataque, un video. Cada mentira, un desmentido. Es un patrón de resistencia admirable, y hasta ahora efectivo: las encuestas la colocan de forma consistente como la alcaldesa mejor evaluada de toda la Ciudad de México, con niveles de aprobación de entre 61 y 68 por ciento, muy por encima de cualquier otra demarcación. Pero ahí está precisamente la trampa. Cuando una figura política empieza a acumular ese tipo de ventaja, no baja la intensidad del ataque: la multiplica. Y ella lo sabe, porque ya lo dijo con sus propias palabras al lanzar su plataforma de defensa digital: “nunca tendremos sus recursos, el dineral que tienen para atacarnos.”

Ahí está el punto que debería obligarla a repensar su estrategia de cara a 2027. Las redes sociales son un buen escudo para la batalla de la narrativa diaria, pero no sustituyen una estructura política real: bancada legislativa propia, alianzas institucionales sólidas, un aparato territorial capaz de resistir una elección competida frente a la maquinaria de Morena. Hoy la alcaldesa cuenta con algo valioso —el respaldo espontáneo de miles de capitalinos que la ven, en sus palabras, “como ciudadana y no como política”—, pero ese capital simpático puede erosionarse si la ofensiva en su contra escala de lo digital a lo físico, como ya ocurrió en San Cosme y en Génova.

La diferencia entre resistir un ataque y ganar una guerra electoral es la diferencia entre tener seguidores y tener estructura. Rojo de la Vega ha demostrado carisma, capacidad de respuesta y una narrativa que conecta. Lo que todavía no ha demostrado —y es la tarea pendiente más urgente en su agenda política— es que puede traducir ese respaldo digital en una coalición política capaz de blindarla institucionalmente cuando la contienda se ponga verdaderamente dura.

Porque en la política mexicana, cuando el adversario tiene el control de las instituciones, el presupuesto y el aparato territorial, ganar la pelea en X no garantiza ganar la elección. Rojo de la Vega tiene tiempo todavía para construir esa segunda capa de defensa. La pregunta es si decidirá hacerlo antes de que la “cargada” que ya se anuncia en su contra deje de limitarse a videos y bots, y se convierta en la maquinaria electoral completa que Morena sabe desplegar cuando de verdad se lo propone.
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